Retos, responsabilidades y una vida dedicada a la sideromecánica

Gertrudys Hernández Estévez, Directora de Comercialización de GESIME

Gertrudys, su vida laboral ha estado de una forma u otra siempre vinculada a la industria sideromecánica. ¿Nos puede contar cómo llegó a este sector?

Sí, en el año 1987 me gradué como Ingeniera Química y dentro de las plazas a ocupar estaba Antillana de Acero, así que junto a otra compañera de mi grupo visitamos esta empresa para conocer qué posibilidades teníamos de desempeñarnos allí, qué haríamos concretamente.

El día de la visita me dirigí a la Dirección y allí recuerdo me sugirieron trabajar en el laboratorio. - ¿Laboratorio? Yo no soy Licenciada en Química sino Ingeniera – les dije- Vamos a revisar entonces-. Después me presentaron a un ingeniero de mucha experiencia en esta industria, el compañero Idalberto Álvarez Mitjan, quien me dio un recorrido por la entidad y me mostró todas las inversiones que se estaban haciendo, en las cuales tenía posibilidades de desempeñarme: una planta de tratamiento de agua, la planta de acetileno, una planta de oxígeno y una planta de cal. Vi entonces perspectivas de trabajar allí como ingeniera química, por lo que me incorporé a la Unidad Presupuestada Inversionista, UPI Aceros Caribe que atendía dichos procesos inversionistas.

En esos años, Antillana de Acero se encontraba en la tercera fase de ampliación, momento en que se pasaba de los hornos Martin a los de arco eléctrico.

Un año después me propusieron dirigir la Planta de Cal, que se estaba recuperando. La oferta me asombró mucho porque apenas había pasado un año de haberme graduado de la universidad. Yo recuerdo que hice hasta un escrito a la Dirección de Recursos Humanos, alegando que yo no tenía experiencia, entre otras razones por las que temía un poco a desempeñarme en ese cargo. Al final acepté.

Te confieso que me gustó muchísimo, llegué a conocer el proceso productivo a cabalidad, era interesante poder controlar la temperatura del horno de forma que la cal saliera con la composición adecuada.

Al cabo de dos años, la planta de oxígeno estaba a punto de comenzar a operar y los compañeros que estaban atendiendo esta inversión se pusieron en contacto conmigo para que participara de los procesos de puesta en marcha, ajuste y después me quedara como Directora de esta planta de tecnología soviética, que en aquel momento estaba al frente el compañero Victor Saraisky.

Una vez más acepté el reto y fui para allá, me gustó mucho más el proceso productivo, porque hay transferencia de masa y de calor, hay compresión y otros procesos que estudiamos en la carrera. Y conformamos tres brigadas de trabajo que operarían en tres turnos, era agotador, pero al mismo tiempo, un trabajo muy bonito.

En el año 1992 tuve a mi hijo, por lo que luego de incorporarme de la licencia de maternidad me propusieron pasar al frente de la Planta de Acetileno que tenía dos turnos de trabajo solamente y el trabajo era menos desgastante que en la Planta de Oxígeno.

Sin embargo, temí un poco trabajar en esta planta porque el acetileno es el gas número uno de peligrosidad, pero fui para allá también y la dirigí del año 1993 al 1998. Hacíamos pruebas de bloqueo y contra incendios de conjunto con los bomberos del Cotorro como acciones para estar siempre alertas, prevenir desastres y estar preparados para enfrentarlos en caso de que ocurrieran.

Recuerdo que había 8 trabajadores por turno: uno al frente del generador, 2 frente a las líneas de llenado, uno en el compresor y una tecnóloga que todavía trabaja en Antillana, su nombre es Niurys Vega e hicimos un equipo de trabajo maravilloso, más que compañeros éramos amigos y allí estuve hasta el 1998.

Ese año me seleccionan para el segundo curso de mujeres directivas que desarrollaba el Ministerio de la Industria Sideromecánica (SIME) y después de pasarlo en Cuba me convocan a cursarlo en Holanda. El ministro del ramo, veía en nosotras la posibilidad de prepararnos para asumir cargos de mayor responsabilidad, por lo que luego me asignaron la tarea de ser la Jefa de Ventas de Antillana, la cual desempeñé por tres años.

Posteriormente en el 2002 el compañero Roberto Vázquez habló conmigo para que fuera la Directora de Mantenimiento de Antillana. Esta era una tarea difícil, un reto muy grande teniendo en cuenta la extensa área de la empresa, la cantidad de equipos que tiene y la importancia de la continuidad productiva de estos, por tanto, era una responsabilidad grande. De todas formas, acepté una vez más.

Al paso de un año se creó la empresa que se ocuparía del mantenimiento de esta siderúrgica pues las UEB´s que las integraban se convirtieron en empresas. Así fue que pasé a dirigir la Empresa de Mantenimiento Industrial de Antillana (ECOMMI). Allí estuve otros tres años.

Luego, me trasladé al grupo BK-CETI, un grupo empresarial del SIME que atendía las entidades dedicadas a la transformación de estructuras de acero esencialmente, se encontraban empresas como: METUNAS, Cubana de Acero, las fábricas Indalecio Montejo y Julio Antonio Mella, entre otras. Comencé como Directora Comercial y después estuve cerca de tres años como Vicepresidenta de Producción.

En el año 2007 me solicitan que me incorpore al SIME para asumir el cargo de Directora de Negocios y Exportaciones, estuve unos tres años desempeñándolo, luego me incorporé a la Dirección de Producción años después y hasta la fecha me desempeño en GESIME como Directora de Comercialización.

¿Cuáles son las principales experiencias y satisfacciones que le han aportado todos estos años de vinculación a la industria sideromecánica?
Antillana te forma con un sentido de pertenencia muy grande. Algo que me satisface es que todavía hoy cuando voy a Antillana, después de tantos años de haber trabajado allí, muchos trabajadores me reconocen, me saludan con cariño y eso es algo que me reconforta. Fueron 18 años dedicados a esta industria y un total de 33 años dedicados a la industria sideromecánica en general.